
El segundo después de las despedidas la vida cambia de giro, el caminar por la calle pensando se hace difícil pero grato, se pierde la delgada diferencia entre los sueños y la realidad. Un minuto después las sonrisas se interpretan como una agresión y las agresiones como una manera de subsistir y comunicarse. Ayer tuve una gran alegría, supe de alguien 15 años después, es confuso pero grato. A la media hora siguiente supe que alguien cercano se morirá pronto, y pensé que yo tenía problemas.
Ahora me pregunto cual es la pequeña diferencia entre estar vivo o no, hay cosas que no tienen vuelta y eso me hace pensar en la trascendencia que he tenido en mi vida. Aun no voy a ninguna estación y las vidas de al lado se apagan dejándonos en herencia una una mujer, y una flor detrás de un vidrio empañado.