
Cuando apareció la Pao en el loft del Pepe, la verdad es que entre el nerviosismo del penúltimo partido de la selección para el mundial y la mente en el fin de semana largo en Las Cruces, casi paso inadvertida por mis ojos.
Al cabo de unos días en la playa y de miradas cruzadas, me provocó algunas sensaciones ya olvidadas y entre un suspiro marino de garúa y un par de asados me prendó.
Después del análisis respectivo y de algunas agresiones externas sin sentido, me pongo a pensar en ella y descubro varias cosas que me agradan, no las voy a detallar, pero espero que salga todo bien.
Las últimas estrellas que pudieron verse, fueron los destellos más próximos a reinventar el resto de la noche. Se dejaron ver sin miramiento, el tacto sutil de de sus luces y sus delicados cariños de amanecer, la verguenza debemos hacerla desaparecer.
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